Portador de Merindades: EL PRIORATO DE TRESPADERNE
Este mes, este espacio está dedicado al último ganador del Premio Portador Merindades “Félix Andino” a la experiencia turística: El Priorato de Trespaderne.
Este proyecto ha recuperado un edificio de origen medieval a través de una innovadora restauración integral, convirtiendo una vieja casona castellana en un hotel rural de vanguardia y de referencia en Las Merindades.
Hablamos con Juan y Laura Atienza.
Háblanos de ti. ¿Cuál ha sido tu camino vital hasta llegar a El Priorato de Trespaderne?
Lo más decisivo ha sido nacer y vivir la infancia en el pueblo de Trespaderne. Algún clásico dijo aquello de que “la patria es la infancia” y parece ser bastante cierto. Los pueblos entonces, de los años sesenta, empezaban a cambiar, pero aún eran típicamente rurales, con la vida de las personas más integradas en el mundo natural, en contacto con los animales, las plantas, los paisajes. Un mundo especialmente bonito que recuerdo con afecto y alegría.
Ese arraigo con esta tierra tan singular no se pierde por más que se viaje, se estudie y se abra a otros mundos, si se conservan los recuerdos de cosas bonitas y valiosas. A pesar de llevar unas décadas trabajando y viviendo en Madrid, Trespaderne y toda esta comarca seguían siendo el lugar de las vacaciones y los encuentros de toda mi familia que es bastante numerosa. También ayuda tener aficiones personales y algunos conocimientos relacionados con el mundo natural.
¿Cuándo, por qué y cómo nació este proyecto?
La idea de configurar un espacio personal y familiar que pudiera integrar paisaje, naturaleza, arquitectura, cultura y tradición creo que ha sido casi permanente. Tenían que coincidir muchas circunstancias para unir tantas variables, desde las económicas, hasta las de disponibilidad de lugares. Aquí estaba el solar del antiguo Priorato que reunía todas las condiciones y que estaba arruinándose, pero que era difícil de adquirir al implicar a muchas personas de distintos lugares del mundo. En algún momento pudimos abrir un camino de entendimiento con todas las partes y lo adquirimos en 2017. Visto el lugar, la estructura tradicional del edificio y su tamaño, el valor histórico y lo que significaba en el entorno actual del pueblo, pronto pensamos que su destino ideal sería un uso de carácter público con sentido de valor y calidad especial, configurándose así como hotel rural en enero de 2024. Cuenta con siete habitaciones cada una diferente y diseñadas para ofrecer una experiencia en la que la historia, la arquitectura y la naturaleza se entrelazan para visitantes que buscan disfrutar del entorno natural de las Merindades en cualquier época del año.
¿Cuáles han sido las mayores satisfacciones que ha dado este proyecto, qué dificultades encontraste y qué cosas harías de manera diferente si volvieras a empezar?
La mayor satisfacción es el resultado de la reconstrucción. Pensamos que se ha conseguido con gran éxito conjugar la conservación y respeto del edificio histórico original, de sus materiales y de las huellas del tiempo, haciéndolo compatible con la funcionalidad y solidez de un edificio actual. Además, se han incorporado algunas soluciones que realzan la monumentalidad interna y la sensación de calidad y creación arquitectónica. Este proyecto de Atienza-Maure ha sido reconocido y premiado también en el mundo de la arquitectura internacional. Además, es alentador ver la buena acogida manifestada por parte de los vecinos y de todos cuantos conocían el estado anterior del edificio, así como de los huéspedes que se alojan en él.
Teníamos como objetivo respetar al máximo lo anterior y adaptar las actuaciones de cada día a esa realidad material de siglos anteriores. Los trabajos eran de verdadera artesanía constructiva por parte de todos los gremios que han intervenido. Si tuviéramos que volver a empezar, seguramente no podríamos abordarlo de una forma muy distinta. Lo que podría ocurrir es que no sería fácil encontrar la misma combinación de técnicos y profesionales que han hecho posible este resultado.
¿De qué forma piensas que El Priorato contribuye a mejorar la proyección del sector turístico de Las Merindades?
El Priorato viene a sumarse a otras muchas iniciativas valiosas del ámbito turístico de Las Merindades, añadiendo quizás un nuevo impulso creativo en la forma de rehabilitación del patrimonio arquitectónico. La vida rural puede ser austeridad, pero también es luz, viveza, jovialidad y sensibilidad; y amor por el calor de un hogar, por la tradición y el pasado. El Priorato funciona como refugio donde el tiempo parece detenerse, brindando el máximo confort en un ambiente cálido y familiar.
Aspiramos también a cubrir y ampliar una demanda de turismo que integre máxima calidad, excelencia cultural y sensibilidad por la vida natural, el diseño y la arquitectura. El Priorato quiere funcionar como un lugar acogedor donde reine la tranquilidad y en el que los visitantes puedan disfrutar de momentos relajados tras una ruta en bici, un paseo por las sendas de las Merindades o un rato de lectura con vistas a las montañas. La ausencia de televisores, por ejemplo, es una elección consciente para favorecer el descanso, la tranquilidad y la conexión con el entorno y la casa.
¿Cuáles son los planes de futuro para El Priorato?
Con tan solo un año de funcionamiento, es pronto para pensar en los planes de futuro. Nos gustaría seguir acogiendo turismo que tenga interés en recorrer las Merindades tanto a pie como en bicicleta, con interés por la arquitectura y la historia, al mismo tiempo, funcionando como un sitio de referencia para todo aquel que quiera descansar.