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LAS MERINDADES INTRO. GENERAL TURÍSTICA VALLE DE TOBALINA
VALLE DE TOBALINA

El Ebro, tras cruzar el desfiladero de la Horadada, se remansa en su recorrido a través del Valle de Tobalina, entre los Montes Obarenes y la Sierra de Árcena, antes de excavar el estrecho Desfiladero de Sobrón entre estas sierras que cierran el paso hacia el este. La abundancia de la “toba”, un tipo de roca sedimentaria, muy utilizada en la construcción de sus casas, dio el nombre a este valle.

Durante siglos sus habitantes han vivido de la ganadería, de los cereales y de la vid con la que elaboraban un vino ligeramente ácido conocido como chacolí. Aún se conservan restos de las antiguas bodegas y lagares en algunos pueblos, como en Montejo de San Miguel en donde se pueden visitar en su Museo Etnográfico. Hoy en día la vid ha dado paso a los frutales y la ganadería no tiene la importancia que tuvo en otros tiempos.

Un oscuro pasado
Tras un oscuro pasado prehistórico del que hay pocos datos a excepción de algunos vestigios en el Pópilo, cerca de Herrán o el posible menhir de Mijaralengua, la presencia humana en este valle ha dejado numerosos testimonios a lo largo del tiempo. El emplazamiento de algunos de sus pueblos sugiere la existencia anterior de antiguos castros de la época en la que cántabros y autrigones se disputaban estas tierras.

Necrópolis, eremitorios y pequeños monasterios medievales
Los pueblos prerromanos, fundamentalmente ganaderos disponían sus asentamientos en las zonas montañosas, en enclaves con buena visibilidad para proteger sus ganados. Durante los primeros siglos medievales se produjo un amplio movimiento de asentamiento en los valles y en las riberas de los ríos, vinculado a la explotación agrícola. Las pequeñas iglesias y monasterios propios, muchos de ellos herederos de minúsculos eremitorios rupestres, fueron un importante factor de concentración y de sedentarización de la población. Por otra parte, la proximidad de la sede episcopal de Valpuesta tuvo una gran influencia en el poblamiento de estas tierras.

Un testimonio de los más antiguos asentamientos medievales nos lo aportan las numerosísimas necrópolis de tumbas excavadas en la roca extendidas por todo el valle, muchas de ellas asociadas a pequeños eremitorios y a monasterios desaparecidos, pero de los que existen evidencias documentales.

Entre Castilla y Navarra. Entre los Salazar y los Velasco
Este valle que pasó en poco tiempo de ser tierra de nadie a tierra deseada por  todos, vivió épocas de luchas entre reinos y entre linajes. Durante algún tiempo, tras la muerte de Sancho el Mayor de Navarra, Castilla estuvo dividida, permaneciendo el Valle de Tobalina bajo la órbita navarra hasta la batalla de Atapuerca (año 1054).

Los Salazar, desde que Martín Galíndez, segundo señor de Salazar, construyese su castillo a mediados del siglo IX en un pequeño cerro, tuvieron grandes patrimonios en Tobalina. El primitivo castillo de los Salazar dio lugar a la población de Quintana y, en donde estuvo aquel castillo, en el siglo XV un descendiente suyo construyó la torre que aún hoy está en pie.

Las poblaciones de Tobalina dependieron de Frías durante varios siglos, pero a mediados del siglo XV, el poder de los Velasco, en cuyo patrimonio entró la villa de Frías, se extendió por todo el valle, y todas sus villas fueron de señorío de los duques de

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Frías hasta la abolición de los señoríos a comienzos del siglo XIX.

Ocio en el Valle de Tobalina
El medio natural ofrece al visitante varias alternativas para disfrutar del tiempo libre: senderismo, bici de montaña, paseos a caballo, piragüismo e incluso viajes en globo. Existen empresas especializadas.
Las Fiestas de Nuestra Señora se celebran a comienzos de Septiembre en Quintana Martín Galíndez. Son las fiestas del Valle. En sus restaurantes es posible degustar una rica y cuidada gastronomía basada en tradicionales recetas y en los sanos productos del lugar, como sus sabrosas frutas. El complemento ideal a la visita son los confortables alojamientos hoteleros, rurales, el albergue de Quintana Martín Galíndez y la práctica de actividades de ocio.



QUE PUEDES PUEDES VER

Parque Natural de Montes Obarenes- San Zadornil
Una parte importante del Valle de Tobalina se encuentra dentro del Parque Natural de Montes Obarenes - San Zadornil. Este espacio natural protegido, situado en las estribaciones orientales de la Cordillera Cantábrica, es un modélico relieve estructural de tipo jurásico que incluye las sierras de Oña, la Llana, Pancorbo, Árcena y los propios Montes Obarenes. Es un espacio de enorme interés geológico, geomorfológico y reserva de la biodiversidad. Todo el espacio esta incluido en la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Cascada de Pedrosa de Tobalina
El río Jerea, a su paso por la localidad de Pedrosa, forma una espectacular cascada. También llamada “El Peñón”, esta cascada se forma por un desnivel del río de unos 10 m de altura y 125 m de anchura bajo el cual se ha formado un abrigo natural.


Desfiladero y embalse de Sobrón
El río Ebro ha excavado pacientemente un imponente desfiladero en la confluencia de las Sierras de Arcena y Pancorbo, que la mano del hombre ha sabido aprovechar para embalsar allí sus aguas. Una privilegiada situación entre las regiones biogeográficas atlántica y mediterránea es la causa de su gran riqueza en especies arbóreas y arbustivas.


Desfiladero de Herrán o del Purón
Cercano a la localidad de Herrán, el desfiladero del río Purón permite atravesar la Sierra de Árcena y comunicar el Valle de Tobalina con el vecino de Valdegobía. Se trata de un lugar de incomparable belleza en el que el hombre ha dejado constancia de su paso a lo largo del tiempo.


Herrán y sus yacimientos
El pueblo de Herrán se asienta en la salida del desfiladero del río Purón. Este bello conjunto aún conserva su estructura medieval con estrechas y apiñadas calles. En él podemos encontrar una buena arquitectura popular, torres y casonas solariegas de los siglos XVII y XVIII con blasones y ventanas decoradas. En sus inmediaciones encontramos diversos yacimientos de distintas épocas:


Calzada romana vía Erelma
Se trata de un ramal de la vía 27 del Itinerario de Antonino a la que se conoce también como Calzada de Portillo del Busto, ya que procede de esta localidad.



San Martín de Ferrán
En un montículo situado sobre el caserío se hallan restos de una estructura semi-rupestre y de varias tumbas excavadas en la roca que podrían tratarse del antiguo monasterio altomedieval de San Martín de Ferrán, documentado ya en el siglo IX.
Ermita de San Roque y San Felices: en el desfiladero del Purón se localiza la pequeña ermita de San Roque y San Felices. Adosada a un farallón rocoso, estaría cubierta con bóveda de cañón pudiendo observarse el arco triunfal de herradura y la cabecera cuadrada.
El Pópilo: conjunto formado por una iglesia semi-rupestre y varios enterramientos excavados en la roca. En las inmediaciones se han hallado otras 36 tumbas altomedievales y diversos restos del Neolítico.



Ermita de San Roque y San Felices
En el desfiladero del Purón se localiza la pequeña ermita de San Roque y San Felices. Adosada a un farallón rocoso, estaría cubierta con bóveda de cañón pudiendo observarse el arco triunfal de herradura y la cabecera cuadrada.



El Pópilo
Conjunto formado por una iglesia semi-rupestre y varios enterramientos excavados en la roca. En las inmediaciones se han hallado otras 36 tumbas altomedievales y diversos restos del Neolítico.



Otros yacimientos y necrópolis
Además de los existentes en el entorno de Herrán, en el Valle de Tobalina encontramos varios yacimientos y necrópolis altomedievales. En la Peña del Mazo, en la localidad de Pajares, encontramos una necrópolis con cerca de 100 enterramientos y trabajos rupestres de época tardorromana (ss. IV-V) y altomedieval (ss. VIII-XI). Sobre el pueblo de Quintana María, en la Peña de San Clemente, se localiza otra necrópolis con 40 tumbas y restos de una ermita semirrupestre. Cercana a Santa María de Garoña hay una pequeña necrópolis familiar con 4 tumbas y en las inmediaciones de Montejo de Cebas nos encontramos con cinco tumbas excavadas en la roca.


Torres y Casas Fuerte
Las torres y las grandes casonas blasonadas que se reparten por los pueblos de Tobalina son ejemplos de una arquitectura señorial cargada de simbolismo, no sólo por la calidad de su construcción o por sus dimensiones, sino incluso por su emplazamiento en un lugar privilegiado o destacado. Es el caso de la torre de los Salazar de Quintana Martín Galíndez, o la torre de los Bonifaz en Lomana, ambas del siglo XV y declaradas Bien de Interés Cultural en 1949.

En Gabanes, la casa-torre de los Angulo, del siglo XVII, es un magnífico edificio renacentista en el que su bellísima portada llama poderosamente la atención. Herrán, San Martín de Don y Montejo de San Miguel cuentan también con buenos ejemplos de torres y casas blasonadas.


La arquitectura de sus pueblos
En general se conservan bastante bien los trazados urbanos y la arquitectura tradicional de casi todos los pueblos. Las casas responden en general al tipo de casa montañesa. Son generalmente de piedra con recercados de sillería en los vanos y en las esquinas, siendo muy frecuentes también los entramados de madera y toba en muchos edificios. Solanas de madera y pequeños balcones, a veces en voladizo y otras hundidos en la fachada, son otros elementos característicos de su arquitectura.

No faltan en estos pueblos fuentes, molinos, horneras, puentes y boleras como elementos en los que se manifiesta de un modo especial la arquitectura tradicional. Algunos conjuntos urbanos como el de Herrán y el de Montejo de San Miguel han recibido premios en el Concurso Provincial de Patrimonio Rural por su excelente conservación.


Templos y monasterios
La iglesia románica mejor conservada es la de San Saturnino, en La Orden, que resalta por su ábside decorado con una arquería ciega hacia el exterior, así como un sillar reutilizado tallado a bisel. Numerosas iglesias muestran restos de los primitivos templos románicos. En muchos casos se conserva la pila bautismal, y en otros como en las iglesias de Cuezva, Herrán, Pajares o Santa María de Garoña, sus fábricas renacentistas conservan algunos restos de época románica. También son de interés la ventana románica de la iglesia de San Andrés de Pedrosa, y los sencillos templos románicos de Promediano, Santocildes y Tobalinilla.
De los templos construidos entre los siglos XVI y XVIII, hay que destacar la sobriedad y elegancia de la iglesia renacentista del monasterio de San Miguel, en San Martín de Don, y su lujoso retablo barroco.
Entre las obras escultóricas sobresalen los retablos renacentistas de Lozares, Bascuñuelos y el de la capilla de Santa Lucía de la iglesia de Herrán, atribuidos al retablista cántabro Juan de Bueras. Es de gran valor también la talla de la Virgen gótica de Cormezana, actualmente en la iglesia de Quintana Martín Galíndez.


Rutas para caminantes
Además de los senderos del espacio natural, por el Valle de Tobalina transitan otras grandes rutas: el GR-85 Ruta de los Sentidos atraviesa de norte a sur el municipio, desde Rufrancos hasta salir por Quintana María. El GR-99 Camino Natural del Ebro llega a Tobalina por Montejo de San Miguel recorriendo el curso del río hasta el desfiladero de Sobrón. El GR-1006 Ruta de los Monteros también pasa por las localidades de Quintana María, Santocildes y Montejo de San Miguel en su camino hacia Oña. Por último, el PR.BU-64 Siguiendo el Ebro pasa por Quintana María y Santocildes en un camino circular con base en Frías.
En el Valle de Tobalina se encuentran balizados cuatro senderos que recorren diversas zonas del Parque Natural: el PRC.BU-94 Sendero de San Martín de Don, el SLC.BU-103 Sendero de Herrán, el SLC.BU-109 Sendero de Montejo de San Miguel y el PR.BU-111 Sendero del Humión.


Conjunto y Museo Etnográfico de Montejo de San Miguel
El pueblo de Montejo de San Miguel ha sabido conservar muy bien su importante patrimonio. Conserva buenos ejemplos de casas con la característica solana en el piso superior. También hay varias casonas blasonadas de los siglos XVII y XVIII  y casas de indianos con galerías acristaladas. El antiguo lagar, hoy museo etnográfico, es uno de los bienes restaurados por sus vecinos, junto con el horno de pan, el juego de bolos, una carbonera y una tejera. En la cima del monte San Miguel se encuentra la ermita del mismo nombre.