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LAS MERINDADES INTRO. GENERAL TURÍSTICA EL VALLE DE MANZANEDO
EL VALLE DE MANZANEDO

El río Ebro, después de circular encajonado entre los altos farallones calizos del cañón del Ebro, atraviesa el espectacular  desfiladero de los Tornos y se remansa al llegar a Manzanedo. Un verde y contrastado valle integrado por casi una veintena de pequeños pueblos, granjas y aldeas que se integran perfectamente en este entorno natural. A orillas del Ebro y su afluente el Trifón, cerca de las vegas más fértiles, se reparten los núcleos más poblados. En la margen izquierda del Ebro, pequeñísimos pueblos, algunos abandonados, se esconden en las laderas de la zona conocida como el “Rojo”. Hacia el suroeste, a mayor altura y a la sombra de las ruinas del viejo castillo de Arreba, se encuentran los pueblos que constituyeron el núcleo principal del antiguo alfoz de Arreba y que hasta el siglo XX pertenecían al Valle de Valdebezana.

Este agreste territorio, históricamente poco poblado, es hoy un reducto de naturaleza en estado puro. Sus pueblos han vivido durante siglos con una economía de subsistencia y alejados de las antiguas vías de comunicación. Se aprecia en su aspecto medieval y en la buena conservación de su arquitectura popular y de sus sencillas iglesias románicas.

De los castros prerromanos a las aldeas medievales
La arqueología ha documentado dos castros en Cidad y Manzanedo, probablemente ocupados en la Edad del Hierro por pueblos ganaderos. Cuevas y pequeños abrigos en la roca, propios del relieve del valle, fueron habitados hasta la Alta Edad Media.

De los eremitorios rupestres a los grandes monasterios
Un factor importante en el nacimiento de las aldeas medievales fueron los asentamientos de pequeñas comunidades monásticas. Al igual que en otros lugares del Alto Ebro, se conservan los restos de pequeños eremitorios excavados en la roca. Estos eremitorios fueron el antecedente de monasterios propios o familiares como el que existió en Rioseco hasta el siglo XII. Eran pequeños templos en torno a los cuales vivían unas pocas familias. Durante varios siglos el monasterio de Rio Seco fue uno de los más importantes de Castilla.

“situm in alfoz de Arrebis...”
Una de las primeras menciones documentales del alfoz de Arreba, antigua demarcación territorial del Condado de Castilla, aparece en un documento del año 1139 por el que Alfonso VII donaba diversas propiedades al monasterio de Quintanajuar, cuya comunidad se trasladó a finales del mismo siglo a Rioseco.

De la propiedad señorial
Manzanedo no aparece en la documentación hasta una carta de venta de un solar en Rioseco del año 1204. El pueblo de Manzanedo, dio nombre al valle. Desde finales del siglo XI, existía una familia cuyos miembros se titulaban como señores de Manzanedo.
En el siglo XIV, en los pueblos del valle, poseían propiedades, solares y behetrías los Velasco y los Porres. Los Sarmiento contaban con solares en los pueblos de Arreba. El señor de Vizcaya y los monasterios de Rioseco y de San Martín de Elines también poseían algunas propiedades en el valle.
El Valle de Manzanedo no se integró plenamente en el Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja hasta finales del siglo XVII en que pasó a formar parte de la Merindad de Castilla la Vieja. Cidad de Ebro, Vallejo, Arreba, Población de Arreba y Crespos

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fueron de jurisdicción señorial del marqués de Cilleruelo, en el Partido de Laredo, y nunca pertenecieron al Corregimiento de las siete Merindades de Castilla Vieja.

De los templos románicos a la armonía renacentista
En sus primitivos templos románicos se han realizado escasas intervenciones a lo largo de la historia. Las bellísimas iglesias de Crespos, San Miguel de Cornezuelo, Manzanedo y San Martín del Rojo constituyen ejemplos de un románico popular con una gran personalidad.
El monasterio de Santa María de Rioseco es un perfecto paradigma de la integración de estilos arquitectónicos a lo largo del tiempo. Al templo construido en el siglo XIII según los austeros modelos cistercienses, se añade un elegantísimo claustro herreriano que sustituyó al primitivo.



QUE PUEDES PUEDES VER

Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón
Una parte importante del municipio está integrada en el Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. La gran belleza de un paisaje modelado por el río Ebro y su afluente el Rudrón, excavando profundos cañones y angostos desfiladeros, y creando un espectacular relieve, así como la diversidad de especies animales y vegetales que viven en este entorno y la excelente conservación de las masas forestales justificó la declaración de esta zona como Parque Natural y su inclusión en la Red Natura 2000.

Desfiladero de los Tornos
En su entrada a Manzanedo por la localidad de Vallejo, el río Ebro modelo una estrecha hoz en la sierra de Tudanca: el espectacular desfiladero de los Tornos. Un estrecho y sinuoso camino, que hoy forma parte de los senderos GR-85 y GR-99, ha comunicado Tudanca y Cidad. El río Ebro, que surca buena parte de este municipio, abandona este bucólico territorio y vuelve a horadar de nuevo la sierra de Tudanca, originando el bello desfiladero de los Hocinos, antes de bañar el monumental Valle de Valdivielso.


Castros, necrópolis y eremitorios
Situados estratégicamente, en el valle se han documentado varios castros entre Manzanedo, Cidad de Ebro y San Miguel de Cornezuelo. En Crespos, las tumbas de los Moros, excavadas en la roca, están datadas entre los siglos VIII y IX. De la misma época es la iglesia rupestre excavada en un roquedo sobre Manzanedo.
El eremitorio de San Pedro, en las inmediaciones de Argés y del río Ebro, resalta sobre el resto. Su singularidad radica en la estructura de su nave principal con planta rectangular con dos tramos cubiertos con bóveda de cañón y ábside con planta de herradura. Su datación se situaría entre los siglos VIII y X.


Arquitectura Popular
Los reducidos conjuntos rurales del valle, muy bien conservados, constituyen un ejemplo en la arquitectura popular del Alto Ebro. Predomina el modelo de casa montañesa, definida por sus gruesos muros de mampostería, sus escasos vanos recercados por sillar y la simetría de sus fachadas. En muchos casos, en el piso más alto, la solana está protegida lateralmente con cortafuegos apoyados sobre ménsulas. En ocasiones las casas se encuentran precedidas de un pequeño patio al que se accede por un gran portón cubierto por un tejadillo. Algunas casas exhiben elementos señoriales como ventanas y escudos.
El valle conserva también otras construcciones de carácter civil como potros, fuentes, lavaderos, boleras, cruceros o varios sencillos y curiosos puentes que han servido durante décadas para atravesar el Ebro. Encontramos buenos ejemplos de casas populares en Manzanedo, Crespos, Peñalba, Arreba, Población de Arreba, Cueva, Consortes y San Miguel de Cornezuelo, algunas de las cuales se han acondicionado como alojamientos rurales.


Hayedos y robledales
El Valle de Manzanedo se encuentra tapizado por una rica vegetación donde predominan la encina y el roble. Junto a ellos podemos encontrar una gran variedad de especies atlánticas y mediterráneas como pinos, hayas, sabinas, enebros, arces e incluso tejos.


Monasterio de Rioseco
Santa María de Rioseco fue uno de los monasterios cistercienses más importantes del norte de Burgos. Aparece nombrado por primera vez en el año 1171 en un acta de donación que sus dueños, hijos de Martino Martini de Uizozes, hacen a la comunidad del Císter de Quintanajuar. El complejo que hoy subsiste fue construido en la primera mitad del siglo XIII y remodelado en siglos posteriores. Resaltan las bellas bóvedas de crucería de la iglesia y parte del claustro renacentista. Es propiedad de la Iglesia y no se recomienda la visita por el grave peligro de desplome. Hoy, Iglesia, municipio, asociaciones y voluntariado trabajan para la consolidación de sus ruinas.


El Legado Románico
El legado románico en el valle es muy amplio. Cargadas de una fabulosa decoración, las iglesias de Crespos y de San Miguel de Cornezuelo son visitas obligadas. La Iglesia de Crespos resalta por las reducidas dimensiones de su nave y su ábside semicircular decorado en su interior con una arcada ciega. Según una inscripción, su construcción data del año 1143.
La Iglesia de San Miguel de Cornezuelo, levantada en la primera parte del siglo XII, presenta una sola nave rematada en un ábside semicircular con una bella arquería ciega interior. En San Martín del Rojo, Villasopliz, Cidad, Peñalba y Manzanedo encontraremos otras iglesias románicas que merecen la visita. Junto a esta última se encuentra el museo parroquial.


Ribera del Ebro
Para disfrutar de las vistas que nos ofrece el río Ebro a su paso por Manzanedo podemos acercarnos hasta Cidad y Manzanedillo o llegar hasta el mirador situado en las inmediaciones de Vallejo. Desde allí podremos contemplar como la habitual vegetación de ribera acompaña al caudaloso río Ebro, cuyas riberas están incluidas dentro de la Red Natura 2000 con la declaración de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).


Rutas para caminantes
Dos son los senderos de gran recorrido que atraviesan el Valle de Manzanedo: el GR-85 Ruta de los Sentidos pasa por Cidad, San Miguel de Cornezuelo y Consortes para continuar su camino hacia el Valle de Valdebezana. El GR-99 Caminos del Ebro entra al valle por el desfiladero de los Tornos y sigue el curso del río hasta el desfiladero de los Hocinos.


Torres y Castillos
En una cumbre rocosa, sobre la localidad de Arreba, se conservan restos de un antiguo castillo que tuvo un papel fundamental en las luchas por el control del territorio entre los reinos de Castilla y Navarra. De otra época es la torre de Manzanedillo.


Conjuntos rurales
San Miguel de Cornezuelo es uno de los conjuntos rurales más bellos de las Merindades. Las casas, con sus coloridas solanas en el último piso, se adosan unas a otras formando una hilera. La bella iglesia románica de San Miguel es su elemento más destacado.
Al igual que Peñalba, Consortes se sitúa en un estratégico emplazamiento desde donde la vista es fantástica. Este bello núcleo ha sabido guardar el sabor popular de su arquitectura en sus casas, calles, fuente, iglesia y sobre todo en su bolera. 
Arreba se divide en dos barrios. El primero bajo la antigua fortificación. En el otro barrio, junto a la iglesia plateresca de San Juan, encontramos buenas muestras de arquitectura popular y varias casas solariegas.
En el límite con el vecino Valle de Zamanzas, Población de Arreba conserva perfectamente su arquitectura popular: casas tradicionales con la característica solana. Tupidos bosques y algunos pastizales rodean este conjunto.
En un bucólico rincón se localiza Crespos. Este pequeño núcleo, perfectamente integrado en el entorno y rodeado de bosques de robles, pinos y hayas, es un buen ejemplo de arquitectura popular montañesa. Su pequeña iglesia es una de las joyas del románico burgalés.