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LAS MERINDADES INTRODUCCION GENERAL TURISTICA

INTRODUCCION GENERAL TURISTICA DE LAS MERINDADES


 

INFORMACION GERENAL TURISTICA

Imagina un lugar que recordarás el resto de tu existencia.       
Los recuerdos de sus contrastados paisajes, de sus variados bosques de sus ríos con limpias aguas, te incitarán al regreso.
También recordarás sus rincones mágicos con interesantes ermitas románicas, esbeltos torreones y castillos y demás tesoros patrimoniales.
Seguro que la tranquilidad de sus pueblos, sus vivas raíces, su apetitosa gastronomía y el encanto de sus gentes, quedarán para siempre impresos en tu memoria. Desde tu visita tu única obsesión será volver a Las Merindades. Volverás.

En el norte de la provincia de Burgos, más de 360 núcleos de población, extendidos en una superficie similar a la vecina Vizcaya, componen la amplia comarca de Las Merindades
En ella, el Ebro y la Cordillera Cantábrica han condicionado un paisaje contrastado, que posibilita la convivencia de diferentes especies vegetales y animales.

Paisajes de ensueño    
La diversidad vegetal existente origina un variado colorido en el medio natural, atractivo en todas las estaciones del año.
Paisaje de calidad: amplias depresiones y desolados páramos; valles glaciares y escarpadas montañas; grandes cavidades y desafiantes desfiladeros; saltos de aguas y caudalosos ríos; bosques autóctonos y empinadas praderas; todo ello está presente en el paisaje de nuestra tierra.

Herencia del pasado    
Desde el hombre primitivo, en Ojo Guareña, hasta nuestros días distintos pueblos nos han legado su herencia.
En la Edad Media la comarca jugó un crucial papel en la Repoblación como núcleo del origen de Castilla.
Merindad: El término, que aparece en el siglo X, hacía referencia a un territorio donde un Merino ejercía como representante real.
Del patrimonio religioso, destacan las numerosas iglesias románicas que a pesar de su reducida dimensión son poseedoras de una buena unidad de estilo. El Gótico también ha dejado buenos ejemplos.
Las abundantes torres defensivas y casas fuertes son restos de su belicoso pasado, de las luchas entre los linajes de los Salazar y de los Velasco. La casona Blasonada está presente en la mayoría de nuestros pueblos.
Como conjuntos monumentales resaltan los de Oña, Frías, Espinosa y Medina de Pomar. Una mención especial merece la casa popular, que basada en el modelo montañés, tiene en la solana su elemento más singular.

Lugar para disfrutar.     
La tradición y la fiesta aún siguen vivas en Las Merindades. Romerías y fiestas populares siguen reuniendo año tras año a los habitantes de la comarca y a curiosos visitantes que se acercan hasta aquí para descubrirlas.
En los meses estivales numerosas localidades celebran animadas fiestas. No nos olvidamos de los mercados semanales, las ferias ganaderas y otros acontecimientos culturales.
Los productos gastronómicos gozan de una merecida fama debido al empleo de materias primas de calidad y a la esmerada fabricación artesanal. Gracias a su sabor natural, las carnes de la comarca han alcanzado un reconocido prestigio.
Degustar la elaborada cocina del norte es posible en los numerosos restaurantes, que se caracterizan por su buena relación calidad precio.
La oferta de alojamiento lleva años apostando por la calidad. Podemos encontrar desde pisos de alquiler para los meses estivales, hasta hoteles, hostales, albergues, casas rurales, posadas, centros de turismo rural, colonas de vacaciones y campings.
Las merindades constituyen un marco ideal para practicar deportes en el medio natural: senderismo, bici de montaña, escalada espeleología, esquí, vela rafting, piragüismo, golf, pesca, caza, equitación y toda clase de deportes aéreos. Actividad para todos los gustos durante todo el año.

 

NATURALEZA EN LAS MERINDADES

Álava, Vizcaya y Cantabria establecen el límite con Las Merindades, una comarca natural identificada con el norte de la provincia de Burgos. Hacia el sur, el accidentado valle del río Ebro nos separa del resto de las comarcas burgalesas.

Su condición de espacio de transición vegetal y bioclimática entre dos mundos muy diferentes, el atlántico y el mediterráneo, ha dado origen a un variado, contrastado y colorido paisaje.

Además en Las Merindades confluyen tres grandes unidades del relieve: el Valle del Ebro, la Cordillera Cantábrica y la Meseta. La constante oposición entre zonas deprimidas, situadas entre 200 y 700 metros, con elevaciones que superan los 1700 metros, otorgan al paisaje la calidad de único. Todas estas características hacen que en Las Merindades resulte posible encontrar zonas muy próximas con características físicas totalmente opuestas.

En este escenario natural se suceden fértiles valles, estrechos desfiladeros, mágicos bosques, tranquilos embalses, amplios páramos, tupidos encinares, misteriosas cavidades, caudalosos ríos, tejos milenarios, verdes pastizales, impresionantes cañones, extensos pinares, desafiantes cumbres, amplias depresiones, campos cerealistas, esplendorosas riberas, espectaculares cascadas, frescos hayedos, ...
Paisajes que presentan un aspecto diferente en cada estación del año. En otoño un intenso cromatismo domina los bosques que pierden sus hojas; en invierno un manto blanco cubre las tierras y las aguas de los ríos se precipitan al vacío con mayor fuerza; en primavera la naturaleza resurge con las nuevas tonalidades verdes; con el calor del verano, el frescor del bosque nos invita al tranquilo paseo.

Brezales, bosques, campos de cultivo y praderas que se alternan en este privilegiado escenario natural, conforman el paisaje vegetal de esta comarca.

Encinas, hayas y distintas variedades de robles pueblan extensos bosques muy bien conservados. Junto a ellos crecen también pinos, acebos, servales, madroños, avellanos, sabinas, enebros y tejos.
Desde su nacimiento, chopos, sauces, fresnos, tilos y alisos integran tupidos bosques de ribera que acompañan a ríos y arroyos en sus sinuosos cursos. 

En este entorno habita una rica diversidad de fauna. El jabalí, el corzo y el zorro conviven con la garduña, el gato montes, la comadreja, la ardilla o la nutria. El caballo losino, caracterizado por su color negro, es una raza autóctona de la comarca.
En el cielo es fácil observar al buitre leonado entre otras aves como el alimoche, el halcón o las diferentes especies de águila que viven en Las Merindades.

Y entre montes y riberas se extiende un ecosistema artificial modelado por la mano del hombre que ha supuesto la principal fuente de ingresos de los habitantes del territorio: cultivos cerealistas, huertas, frutales y pastizales que añaden colorido al campo.
La red hidrográfica divide en dos cuencas a Las Merindades. La cuenca del Cadagua se orienta hacia el Cantábrico y recoge las aguas del área este septentrional, dónde las lluvias son más frecuentes.

En la otra vertiente, las aguas de los ríos Nela, Trueba, Jerea, Cerneja, Trema, Salón, Oca y Engaña se incorporan finalmente a las del Ebro, configurando entre todos ellos una cuenca más extensa.

Esta riqueza natural ha contribuido a la declaración de varias áreas como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) y LIC (Lugar de Importancia Comunitaria). Los Monumentos Naturales de Ojo Guareña y Monte de Santiago y los Parques Naturales de Montes Obarenes y Hoces del Alto Ebro y Rudrón, forman parte de la Red de Espacios Naturales de Castilla y León.

 

ARTE EN LAS MERINDADES
La importancia histórica de la comarca ha dejado una gran huella en las diferentes y variadas edificaciones de interés artístico, que podemos encuadrar en la arquitectura civil, religiosa y defensiva.

Los testimonios artísticos más antiguos les encontramos en las abundantes cavidades de la comarca. Destacan por los hallazgos arqueológicos: las cuevas de Penches y sobre todo el complejo kárstico de Ojo Guareña: huellas, pinturas y restos de armas y cerámica.

De la prehistoria nuestros antepasados nos legaron un enigmático monumento funerario; es el dolmen, esa formación circular, delimitada por grandes rocas y a la que se accede por un pasillo o corredor. Los restos más representativos de esta etapa se localizan en el conjunto de dólmenes de corredor de los Altos y el Valle de Sedano, entre los que destacan el de la Cotorrita, el Moreco y las Arnillas. De otro estilo es el dolmen de Busnela.

De la etapa prerromana aún se conservan numerosos restos arqueológicos en el Museo Provincial de Burgos. Como restos arquitectónicos de la etapa prerromana hay que señalar los castros y enterramientos celtas.

La romanización se localizó en las diversas calzadas que principalmente comunicaban el puerto de Castro Urdiales con el interior, la villa romana de San Martín de Losa, las explotaciones salineras de Salinas de Rosio (con un interesante mosaico), así como en otros restos como puentes, arquetas y fuentes. Parece que el último resto romano es la base del castillo de Tedeja, emplazamiento que sirvió de defensa contra la invasión de los pueblos del norte.

Los restos visigodos más relevantes les encontramos en la antigua iglesia de Santa María de Mijangos.
La Alta Edad Media es la época histórica de mayor esplendor en el contexto de nuestra comarca, por lo que los restos artísticos que en ella se encuentran son los más numerosos y de mayor importancia.

En la comarca existe un fenómeno que convive con las construcciones románicas. Son los eremitorios; una cueva excavada en la roca que servía a los eremitas como lugar de culto y oración y a la vez como vivienda. Estas construcciones se localizan principalmente en las cercanías del río Ebro y son una continuación de las emplazadas en el Valle de Valderredible en Cantabria. Los eremitorios más conocidos son los de Presillas de Bricia, de Argés en el Valle de Manzanedo y de Tartalés de Cilla, en las cercanías de Trespaderne.
También a la Alta Edad Media pertenecen las abundantes necrópolis o enterramientos excavados en la roca caliza. Los ejemplos son muy numerosos pero citaremos solo algunas que se caracterizan por su estratégica ubicación, como la de Peña Horrero en Fresnedo, la de Cigüenza y la de Quintana María.

Puede decirse que el arte románico es el arte cumbre en la comarca. Esto se corrobora con los numerosos y magníficos ejemplos existentes. Se corresponde, como en el resto de España con los siglos X, XI, XII y XIII. Este arte se caracteriza por el miedo existente en la época hacia Dios. Esta premisa, unida al poco desarrollo de las técnicas constructivas, se refleja en el empleo de gruesos muros de mampostería con vanos de pequeño tamaño. Los elementos constructivos del románico son los generales de este estilo: empleo de arco de medio punto; plantas de cruz latina; pequeños cruceros; bóvedas de cañón en las naves y de cuarto de esfera en el ábside generalmente semicircular; usillo semicircular; empleo de mucha y basta decoración: capiteles, ventanas, portadas (jambas, arquivoltas y tímpanos), canecillos (pecados, animales fantásticos, toneles, geometría, vegetales, etc.), ajedrezados, altos relieves, arquillos lombardos, arquerías ciegas, edículos interiores, etc.

Debido a su buena unidad de estilo podríamos considerar varias iglesias de primer orden, aunque de todas ellas destaca por su unidad de estilo y calidad escultórica San Pedro de Tejada (Puentearenas de Valdivielso). No son de menos importancia las iglesias de Santa María de Siones (Siones de Mena), San Lorenzo de Vallejo (Vallejo de Mena), San Pantaleón (San Pantaleón de Losa) Butrera (Butrera, Merindad de Sotoscueva), Crespos (Crespos, Valle de Manzanedo), San Miguel de Cornezuelo (San Miguel de Cornezuelo, Valle de Manzanedo), El Almiñé (El Almiñé de Valdivielso), Escaño (Escaño, Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja) y Tabliega (Junta de Traslaloma).

En tercer lugar estarían numerosas iglesias diseminadas por toda la comarca que sólo conservan partes como ábsides, portadas, canecillos u otros detalles, y que no citaremos debido a su larga relación. El estilo gótico como en el resto de España este arte se corresponde con los siglos XIV, XV y XVI. Este estilo es de menor importancia. Muchas de las iglesias de la comarca son de base románica y añadidos góticos. Sus fábricas, por lo general, son de mayor tamaño. Los techos son más elevados y los ventanales y vanos apuntados. Sus interiores son más claros y se comienzan a usar los contrafuertes. La decoración en las arquivoltas es lineal. Además de la nave central hay presencia de otras laterales y de capillas privadas pertenecientes a las familias más poderosas. Las bóvedas son ahora más complicadas (estrelladas, nerviadas, etc) y las columnas más fuertes y con nervios adosados.

Los ejemplos más destacados en la comarca corresponden a la Iglesia del Monasterio de San Salvador de Oña, el Monasterio de Rioseco, el convento de Santa Clara de Medina de Pomar, la Colegiata de Santa María de Valpuesta y las iglesias de Bisjueces, de Salinas de Rosio, de Población de Valdivielso y el Monasterio de Santa Ana de Villasana de Mena. El Monasterio de Santa María de Vileña de Villarcayo, aunque de nueva construcción debido a un incendio, guarda numerosas piezas de interés, como sepulcros en piedra y madera policromada, figuras y tablas góticas.

Varias localidades como Villasana de Mena, Frías, Oña, Medina de Pomar o Mijangos crean sus fueros y ordenan sus viviendas en torno a una calle, adosándose unas a otras, creando así la conocida parcela gótica.

A pesar de las constantes luchas en las que se ha visto inmersa la comarca a lo largo de toda la Edad Media, la arquitectura fortificada nos ha dejado en pié un largo número de construcciones que aún se mantienen debido a la fuerte solidez de sus muros.
Las primeras construcciones son una ampliación de la base romana como en el caso de Tedeja. Los conflictos ligados a la repoblación ayudan a levantar los primeros castillos por los que se da el nombre de Castilla. Estas primeras construcciones se caracterizaban por su emplazamiento, generalmente en la cima de un monte, rodeado de rocas y con una fuerte pendiente para dificultar el acceso al enemigo. Entre ellos todos los que estaban en el entorno de la Tesla, como el de Toba, Paralacuesta, o Tedeja, y el de Arreba.
Siglos más tarde, hacia el siglo XIV, se levantan el castillo de Frías y el Alcázar de los Condestables, como manifiesto del poder del linaje de los Velasco. En la época de conflicto de estos con los Salazar, hacia el S-XV, se construyen la mayoría de las torres-fuertes que hoy existen en la comarca. Su ubicación es más accesible que los primeros castillos. Los muros son de sillar, con pequeñas ventanas y saeteras, y almenas. Comienzan a aparecer los escudos de las familias nobles, ventanas ojivales y arcos. Su planta por lo general es cuadrada y con varias alturas. Los ejemplos de torres y casas fuertes son muy numerosos. Este tipo de edificaciones se concentra sobre todo en el Valle de Valdivielso y en el Valle de Mena. Como ejemplos más significativos apuntaremos las de Valdenoceda, Quintana de Valdivielso, Quecedo, Berberana, Castrobarto, Quintana Martín Galindez, Cidad, Quisicedo, Virtus, Lezana, Maltranilla, Espinosa, Salazar, Lomana, etc.

A partir del siglo XVII la situación se vuelve a estabilizar. Los nobles y familias adineradas, están ansiosas de demostrar su poder y para ello se construyen sus casonas y palacios. En ellas se olvida el carácter defensivo y se emplea el sillar con elementos cultos como escudos, arcos de medio punto, logias o ventanas renacentistas. Su planta es rectangular y su tejado a cuatro aguas. Los balcones de hierro forjado y los blasones son los elementos más significativos de sus fachadas. La influencia de las zonas vecinas de Cantabria y País Vasco está presente en este tipo de construcciones.

Encontramos ejemplos en la mayoría de las localidades de las Merindades, pero los ejemplos más concentrados se encuentran en el Valle de Mena y la Merindad de Valdivielso. Podríamos señalar como casonas más ejemplares las siguientes: el Palacio de los Chiloeches, el Palacio de los Cuevas de Velasco y la Casona de los Carrillo del Hoyo en Espinosa, los palacios de Torme, Ribacardo y el Ribero, las casonas de Concejero, Nava, Araduenga, Tubilleja, Villasuso y Hoz de Valdivielso y los conjuntos de Arroyo, Herrán, Maltranilla, Medina de Pomar, Quisicedo, Villasana de Mena, Villarcayo, Salazar y Artieta. Estos son solo algunos de los ejemplos ya que la lista es muy numerosa.

La casa tradicional en la comarca de las Merindades, recibe una gran influencia de los territorios colindantes, como Cantabria y el País Vasco. El modelo más extendido es el de la casa montañesa. Las notas más características de este modelo de casa popular son las siguientes: edificio aislado con empleo de gruesos muros de mampostería y pequeñas ventanas; solana o balcón corrido de madera en la parte alta abierto al sur; planta cuadrada con tejado generalmente a cuatro aguas;

En la zona occidental de la comarca (Valle de Zamanzas, Manzanedo, Bricia, Santa Gadea y Valdebezana) las casas se adosan formando una hilera o calle y en sus fachadas con esquinas de sillar están presentes la solana y el cortafuegos (continuación del muro en la parte alta de la fachada). En la zona central y Sotoscueva es muy característico el portalón de entrada a un patio anterior a la casa. En esta área, así como en la zona occidental, la influencia de la casa montañesa o cántabra se aprecia en todas las localidades.
En la zona sur-oriental, y cuyo máximo exponente lo encontramos en Frías, está muy presente la combinación de materiales pobres como ladrillo y adobe, con piedra de toba y con entramados de madera, en casas que se adosan unas a otras.

En el Valle de Losa e incluso en el Valle de Valderejo (Alava), la casa aparece generalmente aislada y se caracteriza por sus muros de piedra, apenas sin argamasa y rara vez encalados, y una solana superior muy reducida bajo un tejado achatado a cuatro aguas.
En el Valle de Mena, la casa popular es de mayor tamaño y con una o dos alturas. La influencia del vecino País Vasco se deja notar en algunos ejemplos de caseríos; edificios aislados de economía ganadera.

En numerosas localidades, esta arquitectura popular se mezcla con elementos cultos como ventanas, arcos de medio punto o escudos. En las zonas más frías (Espinosa, Socillo y Villarcayo), en el siglo XIX, es posible ver galerías acristaladas, que se cambian por las solanas.

Entre los núcleos de población que aún conservan una buena muestra de su arquitectura popular señalaremos los conjuntos de Artieta, Concejero, Herrán, Montejo de San Miguel, Tobera, Quintanilla del Rebollar, Quintanilla Valdebodres, Nela, Busnela, La Parte de Sotoscueva, Entrambosríos, Ahedo de Butrón, Quecedo, Arroyo de Valdivielso, Tartalés de los Montes, Tartalés de Cilla, San Zadornil, Arroyo de San Zadornil, Consortes, Santa Gadea, Crespos y Tudanca.

Una construcción muy peculiar y localizada en los valles del Trueba, Lunada, La Sía y Rioseco es la cabaña pasiega. Aunque es propia de la vertiente cantábrica de la cordillera, y más concretamente del valle del Pas, este modelo de construcción y forma de vida se extendió por el norte de Burgos. La cabaña es un edificio aislado emplazado en un verde pastizal limitado por bajos muros de mampostería. Esta edificación consta de planta baja y primera, con tejado de lastras de piedra de gran grosor y escalera exterior. Allí, el pasiego habita en la parte superior y el ganado en la inferior.

 

LA HISTORIA EN LAS MERINDADES
Las abundantes cavidades existentes en la comarca sirvieron de cobijo para albergar a nuestros antepasados. Los testimonios más remotos, pertenecientes al paleolítico, los encontramos en las cuevas de Ojo Guareña y en las de Penches.

Poco a poco, en la prehistoria, hace más de 4.000 años, nuestros antepasados comenzaron a abandonar las cuevas y fueron cambiando su forma de vida. Los restos más representativos de esta etapa se localizan en el conjunto de dólmenes de corredor de los Altos y el Valle de Sedano, entre los que destacan el de la Cotorrita, el Moreco y las Arnillas.

Más tarde, en la época prerromana numerosos pueblos que se fueron sucediendo a lo largo del tiempo, dejaron su huella en los abundantes hallazgos arqueológicos. La agricultura y ganadería van sustituyendo a la caza y el hombre comienza a establecerse en pequeñas aldeas. En esta etapa pasaron por aquí los autrigones y los celtas.

La presencia romana se testimonia con la villa agrícola de San Martín de Losa, la explotación salinera de Salinas de Rosio y las importantes calzadas que tuvieron como objetivo el de comunicar los puertos cantábricos con los núcleos del interior. El final de la época romana, en el siglo V, estuvo marcado por la construcción de la fortaleza de Tedeja, que según los últimos estudios sirvió de control de paso y defensa contra los pueblos bárbaros que llegaban del norte.

Llegamos así a la Edad Media, época de gran esplendor de las Merindades. En la Alta Edad Media los cántabros y vascones dominan estas tierras. El norte es el reducto contra la invasión musulmana, que llegó a diferentes puntos de la comarca, como Frías, Oña o Medina de Pomar.

Pronto la comarca se suma a la reconquista iniciada por Don Pelayo desde Asturias. Es en el siglo IX cuando se habla por primera vez de la palabra "Castilla"; este nombre aparece escrito en el documento fundacional del Monasterio de Taranco, enclavado en pleno Valle de Mena. Esta palabra surge para hacer referencia al conjunto de pequeños territorios situados al Norte del Ebro, núcleo originario de Castilla, que se caracterizaba por los abundantes edificios defensivos.
En el siglo X, es Fernán González quién organizó políticamente la región, creando las Merindades como entidad político-administrativa. Una Merindad era un territorio, en el que el Rey ponía bajo la tutela de un merino o persona de confianza, numerosas competencias como la justicia, el ejército o el cobro de impuestos. En principio las antiguas Merindades eran siete: Valdeporres, Losa, Valdivielso, Cuesta Urría, Sotoscueva, Montija y Castilla la Vieja. Este término de Merindad se extiende posteriormente por el resto del Norte de España.

Hacia el siglo XI la Villa Condal de Oña ejerce su poder sobre un amplio territorio. Es el momento de su máximo esplendor de la localidad, impulsado por el Conde de Castilla Sancho García. El Monasterio de San Salvador se convierte así en el primer panteón real de Castilla.

Según la tradición del siglo XIII, los castellanos para independizarse del reino de León eligieron a dos jueces, Nuño Rasura y Laín Calvo, quienes deberían gobernar y juzgar al país según su propio derecho.

Al igual que el Monasterio de San Salvador de Oña, la colegiata de Santa María de Valpuesta y el Monasterio de Rioseco tuvieron una gran importancia en la formación y desarrollo del primitivo Condado de Castilla.

Tras la invasión musulmana estas tierras fueron repobladas principalmente por los foramontanos, vascos y cántabros. Como consecuencia, muchos de estos pobladores se establecieron en la comarca, dando origen a numerosas localidades que deben a ellos su toponimia: Báscones, Villabáscones, Basconcillos, etc.

El emplazamiento de la comarca, como lugar de paso entre Meseta y Cantábrico, tendrá una gran importancia en el desarrollo económico durante la Baja Edad Media. Más tarde el desarrollo histórico de la comarca se ve ligado a las luchas banderizas entre los linajes de los Salazar y de los Velasco. En esta época se construyen la mayoría de los edificios de carácter defensivo: torres y castillos.

En el siglo XVI, el Doctor Mendizábal, por orden de Felipe II, otorga a Villarcayo el título de capital de las Merindades, con el propósito de que la ciudad del Condestable, Medina de Pomar, reduzca su poder.

El desarrollo de la comarca se debe a sus vías de comunicación. Muchas localidades nacen como zona de descanso de los arrieros, antes o después de los puertos de montaña. La economía se basaba principalmente en la agricultura, aunque la ganadería también tenía su importancia.

A partir de estos momentos no han existido hechos históricos relevantes; la comarca, como el resto de España, ha tomado parte en diferentes acontecimientos sucedidos a nivel nacional.

Un hecho destacable en estos siglos de tránsito fue el carácter emprendedor y colonizador de muchos de sus habitantes, que se desplazaron a América en busca de fortuna y a su retorno levantaron impresionantes casonas como símbolo de su éxito: son los indianos, y su presencia es mas representativa se localiza en el Valle de Mena. Hasta el siglo XIX, también las familias más pudientes manifiestan su posición social y económica con la construcción de las casonas solariegas.

Desde principios de siglo XX, la comarca ha perdido parte de su población, debido a la emigración masiva hacia zonas industriales más desarrolladas y con mayores expectativas de trabajo. Casi la mitad de la población emigró hacia el Gran Bilbao en los años cincuenta, sesenta y setenta.

Desde la revolución industrial, que llegó con muchos años de retraso, la forma tradicional de vida de los habitantes de esta zona se había centrado en la agricultura y ganadería. A mediados del siglo XX se comienzan a instalar medianas empresas que hacen dar un cambio a la economía de la zona, orientándola hacia el sector industrial. El prometedor futuro y las expectativas de crecimiento que generó la construcción del ferrocarril Santander Mediterráneo, se perdieron con la clausura definitiva del proyecto en los años ochenta.

Desde los años sesenta se incrementa la llegada masiva de veraneantes, que procedentes del entorno del gran Bilbao, buscaba en nuestra comarca una segunda residencia donde pasar sus largas vacaciones. El fenómeno del veraneo transforma la sociedad y la orienta hacia los servicios (hostelería sobre todo) y la construcción.

 

DEPORTES EN LAS MERINDADES
Debido a sus condiciones físicas, el medio natural de las Merindades es ideal para la práctica de numerosos deportes en contacto con la naturaleza.

La amplitud de los espacios naturales junto a su buen estado de conservación y la existencia de antiguas vías caminos y calzadas hacen que el senderismo sea la actividad más demanda y que los caminantes disfruten del contrastado entorno. En el apartado del senderismo, en la comarca existen dos senderos de gran recorrido que hoy se encuentran balizados: son el GR-1 o sendero histórico que comunica Cataluña y Galicia y el GR 85 o sendero de Las Merindades, que enlaza diferentes localidades de nuestra comarca. Además existen otras cortas rutas que nos adentran en este privilegiado medio natural.

Al igual que sucede con el senderismo, los amantes de la bici de montaña encontraran en su deporte preferido un magnifico escenario para su práctica. Diferentes alternativas para todos los gustos que discurren por paisajes muy contrastados; desde riberas de ríos con suaves pendientes hasta altas cimas con gran desnivel.

Para la práctica de la equitación podremos acudir a empresas especializadas donde podremos desde adquirir los conocimientos básicos para montar a caballo a realizar excursiones por los alrededores.

Las características de los ríos y embalses de la comarca, basadas en un gran caudal permanente incluso en los meses estivales, hacen que todos los deportes náuticos sean practicables en nuestro entorno. En este apartado los aficionados a la vela o al windsurf podrán disfrutar de las óptimas condiciones que ofrece el Embalse del Ebro. El piragüismo también se puede practicar en los embalses y en determinados tramos del Ebro, Nela, y Trema. Para los amantes de las emociones más fuertes también existe una oferta comercial para descender en balsa de rafting por el Ebro y practicar hidrospeed, barranquismo o descenso de cañones.

También los ríos cuentan con numerosos cotos de pesca donde es muy fácil conseguir las apreciadas truchas. Los cazadores podrán practicar su deporte preferido en las diferentes zonas aptas para ello o incluso en cotos cinegéticos de carácter permanente.
Otro atractivo que presentan nuestros ríos es que en ellos es posible bañarse, ya que a lo largo de su curso se han adaptado distintas zonas naturales aptas para el baño. Generalmente, junto a ellas es posible descansar, merendar o simplemente disfrutar del entorno, ya que en muchas ocasiones se encuentran acondicionadas con bancos, mesas y barbacoas.

También existen otras alternativas que combinan el medio natural con la práctica deportiva como es el caso del campo de golf de Villarías. En cuanto a deportes de invierno, también hay que señalar que la Estación de esquí de Lunada abre sus puertas todas las temporadas y que se trata de una instalación ideal para comenzar en este deporte o pasar una buena jornada disfrutando de la nieve.
También es posible huir de lo cotidiano con nuevas actividades como el paintball, donde se trata de disfrutar manchando con proyectiles de pintura a nuestros rivales. Las numerosas cavidades y simas presentan un gran atractivo para los amantes de la espeleología. En puntos muy determinados existen vías de escalada. Incluso en el Valle de Losa hoy es posible volar. Tanto los albergues públicos como los privados cuentan con un amplio abanico de posibilidades deportivas y actividades culturales que generalmente se ofertan a escolares o grupos de jóvenes.

En los núcleos de población más importantes se concentran las instalaciones deportivas urbanas como campos de fútbol, pistas de baloncesto, polideportivos o piscinas municipales. En los pequeños núcleos es posible encontrar algunos restos de los deportes rurales como frontones o boleras, en las cuales se puede jugar a las modalidades de tres tablones o pasabolos.

 

FIESTAS Y TRADICIONES EN LAS MERINDADES
En este apartado podremos descubrir algunas de esas fiestas que han permanecido intactas pese al paso del tiempo. En la comarca existen dos fiestas declaradas de Interés turístico en Castilla y León. La Romería de San Bernabé se celebra el sábado más cercano al 11 de junio en el entorno de Ojo Guareña, donde año tras año se reúnen numerosos romeros que tras venerar al santo comen en el campo. La fiesta del Capitán de Frías también está declarada de Interés Turístico y se celebra en San Juan, en el mes de mayo, conmemorando la liberación de la pequeña y monumental ciudad.

Si hay que destacar una fiesta por sus raíces populares y por el atractivo de su temática, esta es la romería de Nuestra Señora de las Nieves, que año tras año se celebra en Las Machorras y donde se reúne la comunidad pasiega de Burgos y de Cantabria. Según la tradicional fiesta, el día 5 de agosto, tras la misa y el original baile popular en el que interviene el "bobo", el "rabadán" y varios danzantes, los romeros comen en el entorno de Las Machorras, entre las vallas de piedra que rodean los verdes pastizales. Y tras la comida, la fiesta continúa.

El Carnaval se ha afianzado como una interesante fiesta en la que participa toda la población. A las localidades de Villarcayo, Medina de Pomar y Villasana de Mena, se une Espinosa de los Monteros, donde el Martes de Carnaval es el día grande con el tradicional Entierro de la Sardina. Otra fiesta de gran arraigo local es el Judas de Trespaderne.

La Semana Santa también ha recobrado la intensidad de la fiesta religiosa en Medina de Pomar y Villarcayo. Hasta hace muy pocos años, la procesión que más destacaba en este aspecto era la que se celebraba en Ahedo de Butrón donde una persona que representaba a Jesucristo, mientras cargaba con una cruz, caminando descalzo por las empedradas calles del pueblo, recibía latigazos.

Las romerías de Nuestra Señora de la Hoz, que se celebra en julio en la ermita de Santa Isabel en El Almiñé y la de Baillo, en una ermita que se emplaza en las faldas de la Tesla, concentran a numerosas personas que se acercan a disfrutar de la jornada.
Como fruto de la herencia de nuestra economía ganadera y agrícola, distintas poblaciones celebran ferias muy vinculadas al mundo rural; son los casos de Soncillo, Villarcayo, Medina de Pomar, Espinosa de los Monteros y Quincoces de Yuso. Esta última población está recuperando con gran existo las tradicionales ferias que se perdieron hace décadas.

La comarca es muy festiva. La mayoría de las localidades celebran sus fiestas patronales en los meses más próximos al verano. Las localidades más grandes gozan con un gran colorido en sus fiestas: Villasana de Mena abre el periodo festivo en junio; en julio siguen Quisicedo; en agosto Quecedo, Villasante de Montija, Trespaderne y Villarcayo; septiembre es el mes más festivo, Quintana Martín Galíndez, Espinosa de los Monteros, Quincoces de Yuso, Soncillo y Frías; Medina de Pomar y Oña cierran el periodo festivo en octubre.

En el aspecto de las manifestaciones culturales destacamos una representación artística con nombre propio "El Cronicón de Oña". En ella participa la población de la Villa Condal y sumerge al público asistente, en la historia de la fundación de esta población y del Monasterio de san Salvador, siempre muy ligado a los orígenes de Castilla.

La actividad cultural y deportiva está muy presente los habitantes de nuestros municipios y gracias a ellos muchas iniciativas se están consolidando. Citaremos solamente algunos de los ejemplos más representativos como el día de las Merindades, los certámenes de teatro, las exposiciones caninas, los concursos de pesca, las concentraciones de motos, los concursos micológicos, las ferias y fiestas ecuestres, los certámenes de pinturas, los conciertos de música, los mercados medievales así como otros acontecimientos culturales y competiciones deportivas de distinta índole.

 

GASTRONOMÍA EN LAS MERINDADES
Una comarca en la que la actividad ganadera y agrícola ha tenido un gran peso en la vida cotidiana de sus habitantes es lógico que posea unos interesantes productos gastronómicos. La calidad de estos productos se basa en la naturaleza de los mismos y en el sistema tan tradicional de elaboración que se ha mantenido en algunos casos hasta nuestros días.

En la mayor parte de nuestras poblaciones es posible encontrar buenos productos de huerta o de granja como hortalizas, huevos o frutas. El medio natural también nos provee de cotizados productos como los perrechicos, los níscalos y otras variedades de setas y hongos. La miel y todos sus derivados, naturales y de gran calidad, también tienen una venta comercial.

Entre los productos agrarios o ganaderos hay localidades que destacan sobre el resto, como es el caso de Espinosa de los Monteros, donde además de los productos lácteos tan típicos de la villa como sobaos pasiegos, italianas, mantequillas, quesos o leche, encontramos otros como morcillas o incluso anchoas.

Otros productos que destacan por su calidad son las morcillas de Oña, Valdenoceda, Vallejo y Villarcayo, los chorizos y los derivados del cerdo de Villarcayo, las frutas de Tobalina y Valdivielso, las lechugas de Medina de Pomar y Frías, la patata del Valle de Losa y de los Altos, las patatas fritas y su derivados de Villarcayo, la repostería de Medina de Pomar, Villarcayo, Villasana de Mena y Nofuentes,... la lista de productos y poblaciones es extensa.

Centrándonos más en los productos y en su denominación, la carne de las Merindades ya ha conseguido su marca de calidad controlada que asegura a sus consumidores una procedencia y una garantía sobre sus condiciones. A los excelentes productos de la tierra y manufacturados generalmente de forma artesanal, hay que añadir en este apartado el gran aliciente que supone para los visitantes la oferta gastronómica de nuestros restaurantes, que incluyen en sus cartas platos de la cocina castellana y vasca, elaborados con nuestros sanos productos. A esto se suma la excelente relación calidad precio que podemos encontrar en los menús y en las cartas que nos ofrecen.